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La riqueza nacional, es la suma total de todos los bienes con valor económico que poseen los gobiernos centrales, regionales y locales, las instituciones comerciales y las instituciones sin ánimo de lucro, y los ciudadanos de un país. El estudio sistemático de lo que constituye la riqueza de una nación se inició en el siglo XVI, por los defensores del mercantilismo. Partían de la tesis según la cual la cantidad de metales preciosos que posee una nación constituye la parte esencial de su riqueza. Esta visión fue ampliamente aceptada hasta el siglo XVIII, época en la que se produjo una reacción en contra de la rigidez de la doctrina mercantilista.
Se hizo evidente que los metales preciosos, sobre todo cuando se fundían en monedas, eran el reflejo de cierta riqueza, pero no riqueza como tal. La doctrina mercantilista fue reemplazada paulatinamente por la visión de los fisiócratas, un grupo de economistas franceses del siglo XVIII, que pensaban que sólo la agricultura, la minería y la pesca, así como otras industrias extractivas, podían contribuir a aumentar la riqueza real de las naciones. En La riqueza de las naciones (1776), Adam Smith amplió el concepto de los fisiócratas al resaltar que la riqueza no sólo podía extraerse de la tierra, sino que también podía crearse mediante la producción de bienes. Esta visión fue definida de forma sistemática por John Stuart Mill en el siglo XIX. Su formulación, con pequeñas modificaciones, sigue utilizándose de forma general en la actualidad.
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